jueves, 14 de marzo de 2013

MICROhabitat al cuadrado INVERNADERO BIOLOGIA

La visita al invernadero del Instituto de Biología supone que los estudiantes se encuentren con lo vivo en un espacio reducido en que gran numero de experimentos y plantas se encuentran confinados para condensar una experiencia que pocas veces podemos ver en otros lugares. Hay materiales para la producción bioartística por todo rincón.


                                                       Fotografía: Daniela Cruz



                                                       Fotografía: Wilson Castaño


Visita al invernadero de biología

Wilson Castaño
Definitivamente los microorganismos son unos bichos bien especiales para nosotros los humanos, eso fue lo que nos dejó claro el profesor Jiménez, al explicarnos de una forma muy general como estos conviven con nosotros en nuestra vida diaria, y como nosotros los humanos con el conocimiento acerca de su existencia y de sus poderes, aprovechamos la oportunidad de manipularlos para utilizarlos para un beneficio propio y colectivo. A pesar de que a través de la historia han sido un problema para la humanidad por la cantidad de enfermedades que nos han provocado, ya no les tememos y estamos dispuestos a enfrentarlos. Entonces ya no están solo por estar, y ya no se desplazan por casualidad o por consecuencia de una simple ocasión. Los observamos y estudiamos sus comportamientos, identificamos los buenos y repelemos o atacamos los malos, y en todo este proceso, nos damos cuenta de que son tantas las posibilidades buenas que tienen estos bichos para brindarnos, que se convierten para nosotros en nuestros viejos – nuevos amigos.
En esta visita me llamo mucho la atención al saber que el agua siempre está cumpliendo una  función consecutiva de desplazamiento, y que en esa rotación natural de su cauce, siempre retiene todas las sustancias desde el principio hasta el fin. Y nosotros, inevitablemente somos protagonistas y responsables de la cantidad de microorganismos que aportamos a nuestros ríos. El hecho de imaginarme que las plantaciones que se siembran rio abajo, son alimentadas con aguas que antes pasaron por nuestro lado y que en algún momento nosotros arrojamos material de desecho a el rio por diferentes caminos (acueducto, sanitario, industria, directamente) y que también somos responsables de cómo se alimentaran esos cultivos, para luego ser nosotros los consumidores de esos productos, me produce una intensa reflexión acerca de nuestro comportamiento y pienso mucho en la famosa frase que dice: nadie sabe para quién trabaja. Es entonces cuando propongo una actividad relacionada con este hecho, y lo primero que se me ocurre es realizar (un video, un fil minuto, o una propaganda) de corto tiempo, en que recree este problema tan penoso, y nos haga despertar mucho más sobre nuestro comportamiento con nuestro ambiente. Sería algo como protagonizar un acto en que una persona cualquiera (quizás tú, quizás yo) arroja material de desecho contaminado irresponsablemente al rio, y continua su vida normalmente mientras ese desecho hace su recorrido biológico. Cuando ya ha pasado un tiempo y todo está olvidado,  de repente este desecho aparece de nuevo en el camino de la persona, pero esta vez la persona solo se da cuenta que es lo que ha hecho cuando recuerda su irresponsable acción pasada, pero ya demasiado tarde, porque ya lo está ingiriendo como alimento. Esa sería mi primera propuesta de la actividad con los microorganismos y el hombre.
En una segunda propuesta quisiera hablar de las plantas en sí, interactuamos con las que vimos en el invernadero, y como estas representan una mínima parte de lo que nosotros conocemos como biodiversidad. Si bien recuerdo somos el tercer país del mundo con más biodiversidad, y eso lo tenemos que recordar y vivir siempre. En un pequeño espacio de la universidad, hay una cantidad de plantas de muchos tipos, y que de seguro en muchas otras partes del país las hay, pero también ocurre que no las hay, y que no son por problemas de clima o tierra sino por nuestra propia falta de voluntad  y nuestra propia degradación del ecosistema.
Recuerdo la parte que nos explicaba el profesor Jiménez de un proyecto de reinserción de plantas nativas en cierta región del departamento de  sucre. Pues bien, pienso que eso es lo que nos falta a todos nosotros los habitantes de nuestra tierras. Sembrar y reinsertar nuestras plantas nativas, cuidar y cultivar los conocimientos de nuestros abuelos, aprovechar la riqueza de nuestros suelos y no dejar morir las especies y el conocimiento solo por el hecho de decir que tenemos mucha biodiversidad  y que no se notaría cuando una especie ha desaparecido. Eso es lo que pasa cuando tenemos mucho pero… ¡no sabemos lo que tenemos hasta perderlo! ¿Entonces porque dejarlo perder?
Es así cuando pienso y reflexiono sobre nuestras plantas nativas y la relación que tienen con nuestra civilización, con nuestro bienestar pasado, presente y futuro, y como nosotros hijos de los hijos de nuestros abuelos, tenemos el compromiso de conservar y cuidar todas esas plantas,  tanto medicinales, como mágicas, como decorativas, como protectoras de ecosistemas, como terrestres, como acuáticas, y todas las que nos podamos imaginar.  

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